`Por nuestra consagración «participamos en la vida de la Iglesia» y «nos entregamos totalmente a su misión». Queremos ayudar al Señor y al bien de las almas con nuestra vida evangélica, nuestra oración colaborando así a la edificación y al crecimiento del Cuerpo de Cristo. Nuestro servicio eclesial es la oración y la vida entregada, esta es la vocación a la que hemos sido llamadas y por la que nos hemos reunido. Nuestro apostolado es puramente contemplativo, unidas a la intercesión y al sacrificio de Cristo ofreciéndonos todas juntas a Dios, completando lo que falta a los sufrimientos del Señor a favor de la Iglesia (Col 1, 24).

   Oramos insistentemente por los heraldos del evangelio y el aumento de las vocaciones, por la unidad de los cristianos y la evangelización de los pueblos, por la unión de las familias y para que llegue al corazón de todos los hombres el mensaje de Cristo. La vida contemplativa se sitúa en el mismo corazón de la Iglesia, Cuerpo de Cristo, cuyo fin es la «obra de la Redención humana y la perfecta glorificación de Dios». Así pues, las hermanas, dedicadas íntegramente a la contemplación, «ofrecen a Dios un eximio sacrificio de alabanza, ilustran al pueblo de Dios con ubérrimos frutos de santidad, lo mueven con su ejemplo y lo dilatan con misteriosa fecundidad apostólica»´.

    `La vida contemplativa es nuestro primordial y fundamental apostolado, porque, según los designios de Dios, es nuestro modo original y propio de ser Iglesia, de vivir en la Iglesia de realizar la comunión con la Iglesia, de cumplir una misión en la Iglesia. Nuestra vida encerrada en lo escondido de la clausura proporciona luz a la Iglesia. De todas las hermanas se debería poder afirmar lo que se dijo de nuestras Madre Santa Clara: «¡No es de extrañar que una lámpara tan encendida y tan brillante, no pudiera permanecer oculta sin resplandecer y dar una luz fúlgida en la casa del Señor!... Más aún, cuanto más duramente maceraba ella el vaso de alabastro de su cuerpo en el estrecho encerramiento de su soledad, tanto más se llenaba con el perfume de su santidad todo el recinto de la Iglesia»´(Cf Const 160-161).

Real Monasterio de Santa Clara. Tordesillas - Valladolid - España © 2009 Privacy Policy